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ESTACION
I Jesús sentenciado a muerte. Jesús ratificó con su poder sacerdotal la sentencia que lo condenaba a muerte . . . Acepta
el alma amorosamente la sentencia divina que la constituye víctima,
aceptándola como tal: ¡Jesús, "eccevenio",
aquí estoy para cumplir tu voluntad ! ESTACION II
Jesús recibe su cruz. La cruz que el alma, a semejanza de Cristo recibe sobre sus hombros, es el dolor o conjunto de dolores, que según la disposición divina la han de inmolar. ¡ Con qué amor recibe el alma la cruz bendita! ¿Tiene Jesús algo mejor que dar en este mundo a los que ama?
A las veces la víctima ha de sufrir desmayos. Jesús
quiso caer para que el alma no se desaliente cuando el dolor la
oprima y para que esté segura del auxilio que Jesús
le mereció. ESTACION IV
¡Qué dulce es pensar que María estará a nuestro lado a la hora de la inmolación. La Santa Madre es quien forma a las víctimas. En su seno, en su corazón, me formaré. Formar víctimas es formar a Jesús. ¿ Se puedes ser víctima sin transformarse en EL?
Jesús quiere que le ayudemos a llevar la cruz, no tanto para aliviarle su carga, cuanto para participarnos su gloria y su dicha. Siendo tan generoso, ¿ podía reservarse para El solo tan gran riqueza? !Oh tesoro divino de la Cruz, lo más rico y dulce que existe en la tierra! ¡La última palabra del amor!
Para ser víctima hay que transformarse en Jesús. La gran Víctima debe grabar en el alma su imagen, no la manera superficial, sino profunda; pero su imagen dolorosa, ¡la que tiene sangre y polvo y la saliva! ¿Cuándo será la anhelada tranaformación?
Las caídas de Jesús enseñan al alma que para ser víctima, hay que descender hasta lo profundo del dolor...
La víctima perfecta, y sobre todo la Víctima sacerdotal, deber olvidarse de su dolor y de su inmolación para atender y consolar a los demás, como Jesús se olvidó de sus dolores para enseñar a las piadosas mujeres.
¡ A qué profundidades debe llegar la víctima! Pero con El, que quiso arrastrarse en la tierra para acompañarnos en nuestras inmolaciones.
La víctima debe estar espiritualmente desnuda: ¡ qué divina desnudez es necesaria para llegar al dolor amoroso y fecundo!
ESTACION XI
Tenderse sobre la cruz, es ser colocada sobra el altar, es el glorioso destino del alma víctima, su anhelo supremo, su dicha cumplida. Allí encuentra a Jesús como en ninguna otra parte; es tálamo sangriento y feliz de Jesús y del alma.
Morir con Jesús, morir por Jesús, morir en Jesús, es el acto específico y sacerdotal del alma víctima. ¡Si Jesús me concediera morir mártir! ¡Pero me concederá, sin duda, morir víctima!
¡Qué gozo saber que las manos inmaculadas de María nos ofrecen en el momento solemne del sacrificio y que nos han de recibir al bajar de la cruz! ¡Manos inmaculadas de María! ¡ Manos maternales! ¡Manos sacerdotales!
La última etapa de la víctima es el olvido y la abyección del sepulcro a donde descendió Jesús. ¡El sea bendito!.
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